viernes, 24 de julio de 2026

SALIMOS A TOMAR EL FRESCO A LA CALLE ÉCIJA DE SILILLOS


 ASOCIACIÓN DE MAYORES EL TAMUJAR, SILILLOS 💗💛💗

👉Continuamos proponiendo lecturas de nuestro libro "Historias de mis Recuerdos" con el relato de algunos mayores sobre como, en verano, pasaban las noches calurosas tomando el fresco en las puertas de sus casas. 

En la fotografía se ha utilizado IA pero es reflejo visual de aquellos años en cualquier pueblo de Andalucía. 

SALIMOS A TOMAR EL FRESCO A LA CALLE ÉCIJA DE SILILLOS

“Tomar la fresca”, de las cosas más bonitas de los pueblos, una forma de relacionarse, símbolo de convivencia y de buena vecindad. Y es que, llegando los meses de verano, es o era tradición en muchos pueblos de nuestra tierra sacar la silla de enea a la puerta de la calle y reunirse con vecinos para, entre otras muchas cosas, aliviar el calor de la tarde noche, pues algunas veladas terminaban bien entrada la madrugada.

En este relato queremos recordar aquellos días haciendo un pequeño paseo por la calle Écija de los Silillos durante cualquier verano de los años entre 1970 y 1980. Durante estos años, que situamos la escena, nos podíamos encontrar esta fórmula de evitar las altas temperaturas además de socializar con los vecinos y vecinas del pueblo. Esta representación podemos trasladarla a cualquier calle o rincón de nuestra colonia de Fuente Palmera y al resto, sobre todo de muchos pueblos de España.

Como hemos dicho en los años 1960 a 1980 en pleno desarrollo económico y social con la recién llegada televisión a las casas, pero no a todas eran muchos vecinos los cuales al caer la tarde preferían sentarse al fresquito y compartir un buen ratito con los vecinos.

Un ratito antes de esta tradición, los vecinos o más bien las vecinas salían a regar la puerta con un cubo de lata lleno de agua de pozo, que estaba más fresquita, y con esta tarea calmaban también el polvo por si apretaba un poquito el viento.

Recordamos que a primeros de los 60, la calle Écija aún estaba empedrada y no sería hasta que se instaló el alcantarillado cuando se produjo la mejora de la misma. Una vez situados en el lugar y la época vamos a lo que nos planteamos en el relato, salir a tomar el fresco. Vamos a conocer las familias de vecinos que se reunían a tornar la fresca en la calle Écija.

Comenzaremos justo desde el principio de la calle, desde la Plaza Real donde nos encontrábamos a la izquierda los números impares con el primero de estos, el nº 1, nos encontrábamos con el bar de Rivero que ya por la tarde, Antonio, se encargaba de regar la puerta y colocar sus mesas y sillas para que sus clientes estuvieran fresquitos durante la noche. Concepción, sin embargo, se tiraba toda la tarde preparando los caracoles y los callos que tan buenos los preparaba. Era un buen centro de reunión donde se compartían buenos ratos y también donde se hacían algunos tratos y se contrataban algunas cuadrillas para los trabajos del campo. Además, cuando venían algunos familiares en verano se convertiría en lugar de encuentro.

Frente al Bar Rivero, recordamos, a Pepe sentado siempre en su silla y que en muchas ocasiones estaba acompañado de alguno de sus hijos o hijas que venían a visitarlo.

La familia Rivera Yamuza es la que continuaba en los números impares, justo al lado del bar de Rivero. Antonia, Agustín, Ana, Inocencia y Manolo son algunos de sus hijos que se reunían con sus padres para tomar el fresco. Antonia, la matriarca de la familia, los esperaba sentada al fresco en su puerta con un gran delantal oscuro y a eso de media tarde llegaba José montado en su burrita de vuelta del término de la Jara y la amarraba en la puerta de entrada a su corral.

Un par de casas más adelante se reunía la familia Alinque Lucena, que una vez llegada la tarde, de vuelta de pastorear sus vacas, traían a sus animales al corral de su casa para el ordeño y ya finalizadas las tareas salían también a tomar el fresco. Recordamos también al “Abuelito”, un familiar que vivía con ellos y sus hijos. Nos cuentan una anécdota, una de estas noches el “abuelito”, que siempre tomaba el fresco sentado en una mecedora, en una de las mecidas resbalo y cayó de la acera a la calle, las vecinas de frente estuvieron toda la noche riéndose del porrazo que se pegó el “abuelito”.

Frente a esta familia, unos años más tarde, se instalaría el estanco del pueblo que se trasladó de la calle Ciprés a la calle Écija. Todas las noches en su fachada encontrábamos a un lado de la puerta a Josefa, la estanquera, y al otro lado Manolo, siempre escuchando su radio.

Ya en unas casas más adelante, en los números pares, encontrábamos la tienda de Patrocinio, también reunía a sus hijas a tomar el fresco y durante un tiempo la profesora del colegio del pueblo convivio con ellas compartiendo también algunas noches en la fresca. Junto a ellas Felisa y Antonio, cuando no temían que ir a echar cine, pues Antonio tenía casi todos los días un pueblo donde proyectaba las películas de la época.

Frente a la tienda, en la puerta de Lola, se reunían algunas familias más, dos de estas algo más jóvenes que llegaron recién casadas a la calle. Ana y Manolo y Josefa con José, aunque este último tomó poco el fresco ya que los veranos siempre se encontraba trabajando con las cosechadoras. Compartían puertas unos días en la puerta de unos y otros días en la puerta de los otros. Pero casi siempre en la puerta de Lola que se sentaba con su marido Antonio y sus dos hijos, su hija Lola que vivía en la calle Nueva y que los veranos se sumaba al grupo para tomar la fresca, pues su hermano Juan José regresaba de vacaciones al pueblo y lo pasaba con sus padres.

Un par de viviendas adelante, en frente, también vivió, en lo que fue el antiguo casino, una señora, Josefa Romero, soltera que se sumaba para tomar la fresca a los corrillos más cercanos a su casa, unas veces con unos vecinos y otras veces con otros.

Sobre el centro de la calle, Ana Romero, reunía a sus hijos a eso de la caída de la tarde compartiendo con ellos charlas y risas hasta bien entrada la madrugada. Ana tenía un gran patio en su casa con un pozo que daba un agua muy fresquita y muchos de sus vecinos iban a llenar los porrones allí para refrescar la noche. Durante el mes de agosto volvía su hija Mari de Barcelona y todas las noches se reunía con su madre y sus hermanos Valle, José, Manolo, Ana, Juan y toda la familia y sus nietos para intercambiar las experiencias de la vida en Cataluña; se montaba una buena reunión en la puerta de Ana.

Luego se encontraba el bar de Antonio, el alcalde viejo, que también sacaba sus sillas y mesas a la fresca para que los hombres fuesen a tomar unas copillas de vino, porque eso de que las mujeres fuesen a los bares todavía no estaba muy bien visto. El alcalde Viejo, además tenía un gran patio en su casa donde en los inviernos recogía y compraba las aceitunas pero que los veranos también serbia para que Dolores se reuniera con sus familiares a la fresca.

El último bar, que se encontraba en la calle, era el bar de Faustino que también sacaba algunas sillas y mesas a la calle. Francisca disponía de buenas tapas variadas. Los bares por aquel entonces se denominaban tabernas, donde era más que un lugar donde ir a tomar algo, eran lugares de encuentro donde se podían hacer algunos negocios, intercambiar pareceres de como marchaban los trabajos en el campo, entretenerse jugando unas partidas de cartas o de domino. ¡Que labor tan importante cumplieron estos lugares! Los bares de los pueblos, también fueron centro de reunión para tomar la fresca en verano.

Pero continuando el recorrido por la calle Écija, el fresco también lo tomaba una vecina, justo en la esquina de su casa, entrada de la calle Nueva, Josefa, que contaba con la suerte de visibilizar todas las personas que se reunían tanto en la calle Écija como en calle Nueva, gracias a la posición de su vivienda. También acompañada de su marido compartía el rato de la fresca con familiares y vecinos.

Unas casas más arriba, justo en frente de la iglesia, en los números impares, la Paca reunía a sus hijas y compartía buenos momentos con sus vecinos Lola, Pepe y Rosarito y Pepe.

Al final de la calle, entrada del pueblo de los Silillos, solo había una fila de casas hasta la esquina de la iglesia, frente a estas viviendas, tierra de labor, por lo que era más fácil que entrara el viento fresco a estos vecinos de arriba. Aquí reunía Ana a su familia para tomar el fresco, a los que se sumaba una joven familia que por aquellos años había contraído matrimonio Ramón y Antoñita.

Estos son la mayoría de grupos familiares que se sentaban a tomar el fresco en las puertas de sus casas a lo largo de toda la calle Écija, justo entre los años 1960 y 1980. Seguro que nos olvidamos de algunas personas, no ha sido nuestra intención, todos formaban parte de esta etapa de la vida en los Silillos, vaya nuestro reconocimiento.

Cuantas anécdotas vividas y cuantas historias se contaron en esos grupos de familiares y vecinos, que buena labor psicológica cumplía, entre otras muchas, la tarea de tomar el fresco en la calle.

Hoy, verano de 2024, la vida también en los pueblos ha cambiado y muchos de aquellos que noche tras noche disfrutaban de unos ratos de conversación con sus vecinos y familiares al fresco ya no están con nosotros y también murieron las tres tabernas mencionadas, apenas quedan algunos familiares que todavía se sientan en la puerta. Concepción con su hija Paqui y nieta y unas casas más adelante las cuñadas Ana y Josefa.

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