ASOCIAC IÓN DE MAYORES EL TAMUJAR, SILILLOS 💗💛💗
Los lavaderos de Silillos en los años 50: memoria de un lugar que no debemos olvidar
Mucho antes de que el agua corriente llegara a las casas de Silillos, los lavaderos fueron un lugar imprescindible para la vida cotidiana. Allí, las mujeres acudían con sus cestos y barreños para realizar una de las tareas domésticas más duras de la época, pero también encontraban un espacio de encuentro donde compartir conversaciones, confidencias y noticias. Hoy, aquellos lavaderos ya no existen, pero su historia permanece en la memoria de quienes los conocieron. Recuperar sus recuerdos es también recuperar una parte de la historia de Silillos.
¿Cuándo surgieron los lavaderos?
En los años en que todavía no existía agua corriente en las viviendas, lavar la ropa requería desplazarse hasta los lugares donde había agua. Antes de la construcción de los lavaderos, era habitual acudir al arroyo, a los pozos de algunas casas —en ocasiones compartidos entre viviendas, los llamados pozos medianeros— o a los distintos manantiales situados en los alrededores del pueblo.
Entre estos lugares se encontraban la Fuentecilla y el manantial situado en el cerro de Ramón, que también fueron utilizados en ocasiones para lavar la ropa.
Con el tiempo, se construyeron unos pilones destinados al lavado junto al pozo situado en el margen del arroyo, al final de la calle La Fuente. Al otro lado del pozo se instalaron además dos pilas de piedra. También se construyó, con ladrillo y cemento, un pilón destinado a proporcionar agua al ganado.
Aquellos lavaderos facilitaron una tarea que hasta entonces debía realizarse directamente en el arroyo, en los pozos o en los manantiales. Sin embargo, lavar la ropa continuó siendo un trabajo largo y exigente.
Una tarea dura y sacrificada
Lavar la ropa a mano podía ocupar buena parte del día. Las mujeres tenían que transportar hasta el lavadero grandes cestos o barreños llenos de ropa. En verano, el trayecto se hacía bajo el intenso calor, especialmente al subir las cuestas de la calle La Fuente y de la calle Fuente Palmera, ya que el lavadero se encontraba en la zona baja de Silillos.
En invierno, las condiciones eran todavía más difíciles. El agua, casi helada, congelaba las manos y muchas mujeres sufrían sabañones como consecuencia del frío.
Para lavar se utilizaba habitualmente jabón casero elaborado con sosa, un producto bastante agresivo para la piel. Además, el proceso requería tiempo y esfuerzo: la ropa pasaba por diferentes fases de mojado, lavado, aclarado y secado.
Era muy importante mantener un determinado orden durante el proceso para evitar que el agua de las pilas destinadas al aclarado se mezclara con el jabón y la suciedad de la ropa.
Un lugar de trabajo, pero también de encuentro
A pesar de la dureza de la tarea, los lavaderos fueron también un importante espacio de convivencia. Durante las largas horas dedicadas al lavado, las mujeres conversaban, compartían noticias y confidencias y encontraban un momento de distracción dentro de sus obligaciones cotidianas.
Aquellas pilas de piedra y cemento fueron, por tanto, testigos silenciosos de una parte importante de la vida del pueblo.
Cuando hoy se habla de aquellos lavaderos, es inevitable imaginar las conversaciones que allí se produjeron, las noticias que circularon entre sus paredes y las historias personales que compartieron varias generaciones de mujeres.
Estos recuerdos han quedado recogidos en diferentes relatos de nuestro Taller de Reminiscencia y en los libros Silillos, Nuestro Pueblo y Nuestra Gente en el Siglo XX y "Historias de mis Recuerdos". Gracias a estos testimonios podemos acercarnos a una realidad cotidiana que, con el paso del tiempo, ha desaparecido físicamente, pero que forma parte de la memoria colectiva de Silillos.
Recuperar para no olvidar
El lavadero se utilizó durante años, hasta que el agua corriente llegó a las casas y las familias pudieron disponer de lavadoras. La llegada de estos avances cambió por completo la forma de realizar una tarea que durante generaciones había recaído principalmente sobre las mujeres.
Con el tiempo, los antiguos lavaderos desaparecieron y hoy ya no podemos encontrarlos como parte del paisaje cotidiano de Silillos.
Precisamente por ello, recuperar su historia y dar a conocer cómo eran y cómo se utilizaban es una forma de conservar la memoria de nuestro pueblo. No se trata únicamente de recordar unas pilas donde se lavaba la ropa, sino de rescatar las experiencias de las personas que utilizaron aquellos espacios y de poner en valor una forma de vida que forma parte de nuestro pasado.
Recordar los lavaderos es recordar también a las mujeres que cargaban con sus cestos y barreños, que soportaban el frío del invierno y el calor del verano y que dedicaban horas a una tarea imprescindible para sus familias.
Los lavaderos de Silillos ya no están, pero su memoria sí. Recuperarla, contarla y transmitirla a las nuevas generaciones es una manera de evitar que aquellos años caigan en el olvido y de mantener viva una parte de la historia de nuestro pueblo.
Foto y texto realizada y mejorado con IA.






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