A través de estos talleres, los recuerdos personales se convierten también en parte de nuestra memoria colectiva, ayudándonos a conservar historias, costumbres, lugares y formas de vida que forman parte de la identidad de Silillos. Son, además, una oportunidad para encontrarnos, conversar, escuchar y transmitir a las nuevas generaciones el patrimonio inmaterial de nuestro pueblo.
Fruto de estos encuentros se han publicado ya dos libros, “Silillos en el siglo XX” y “Memorias de mis recuerdos”, que reúnen numerosas historias y relatos aportados por nuestros mayores. En los próximos meses retomaremos nuevamente los talleres con la ilusión de seguir recuperando y compartiendo nuestra memoria.
Hoy queremos presentaros una breve historia de la Fuentecilla de Silillos, uno de los lugares vinculados a la vida cotidiana de nuestra aldea y cuyo recuerdo ha llegado hasta nosotros, entre otras fuentes, gracias a estos talleres.
La Fuentecilla de Silillos
La fuente se construyó originalmente entre los años 1955 y 1960, sobre una pila algo más antigua, con el objetivo de regar las huertas existentes en la zona, que se han pretendido conservar con las nuevas obras.
Se trata de una pequeña fuente compuesta por dos caños, que desembocan cada uno en una pila. Detrás se encuentra una alcubilla que protege el manantial.
La fuente fue restaurada en el año 2011, por iniciativa del Ayuntamiento de Fuente Palmera y con el apoyo del arquitecto local Alejandro B. Galán Díaz. Se decidió así recuperar una fuente vinculada a la localidad desde los años cincuenta.
Esta recibe agua del pozo-manantial de los Alinquer, del que se tiene constancia en el municipio desde el año 1923, cuando Joaquín Sánchez Prados cedió gratuitamente al pueblo la mitad del agua potable del pozo, según recogieron en su día las actas de la Sesión Ordinaria de la Corporación Municipal y tal como recoge la placa conmemorativa de la nueva construcción.
La remodelación estuvo acompañada de otras actuaciones en la zona, realizadas en el marco del Plan de Fomento Agrario (PROFEA) durante ese mismo año. Con ellas se creó un espacio público de esparcimiento que permitió mejorar el acceso a la fuente y favorecer su integración en la vida cotidiana de la localidad.
Asimismo, aprovechando estas actuaciones, se plantaron varios álamos blancos, con la intención de crear zonas de sombra y contribuir a recuperar especies ibéricas de ribera que habían ido siendo desplazadas por otras, como los eucaliptos.
La Fuentecilla es la única fuente pública de la aldea. Históricamente ha abastecido de agua a la población para usos rurales y ganaderos y, además, ha sido un importante lugar de encuentro y esparcimiento. Durante muchos años, mujeres y niños acudían a ella, especialmente en las largas tardes de verano, convirtiéndola en un espacio de convivencia y de recuerdos compartidos.
Actualmente, su caudal es muy bajo y se agota con frecuencia. Su agua no es potable.
En la placa conmemorativa puede leerse:
«…En reconocimiento a quien trabajó por la recuperación de este patrimonio natural donde aún cantan los ruiseñores como lo hicieron hace siglos y donde el agua sigue brotando alegre y dando vida a huertas que son regadas de forma tradicional como lo hicieron nuestros antepasados…»
La historia de la Fuentecilla es también la historia de las personas que la vivieron, de las huertas, de los veranos, del trabajo y de los encuentros que durante décadas formaron parte de la vida de Silillos.
Porque recordar también es conservar. Y conservar nuestros recuerdos es mantener viva nuestra historia.

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